Fracaso estratégico del imperialismo contra Venezuela


En las horas que preceden esta nota, el imperialismo norteamericano y la oposición de derecha venezolana han recibido una contundente derrota de parte del pueblo de Bolívar y de la comunidad internacional. Esto no quiere decir que los ataques hayan concluido y que la situación en Venezuela se haya normalizado, pero permite avizorar nuevas situaciones. De todas maneras, hay que tener mucho cuidado: las fieras se vuelven más peligrosas cuando están heridas.

Desde el pasado 1° de abril, la derecha venezolana inició una serie de acciones para intentar nuevamente derrocar al Gobierno chavista presidido por Nicolás Maduro.

Para ello, implementaron una serie de acciones fascistas que buscaban desencadenar una guerra civil que permitiera reclamar una intervención extranjera, junto con otras acciones de guerra económica y de ataque a los sistemas de distribución de alimentos y medicinas que generaron la mayor especulación conocida en la historia venezolana.

Las acciones extremadamente violentas generadas por los terroristas de la derecha fascista, en alianza con sectores criminales e incluso grupos paramilitares, costaron la vida a más de noventa ciudadanas y ciudadanos venezolanos (ver http://albaciudad.org/2017/06/lista-fallecidos-protestas-venezuela-abril-2017/) e importantes daños a diversos servicios públicos (ver también ediciones anteriores de esta columna).

A pesar de lo dramático de esta situación, los ataques opositores estuvieron concentrados en los sectores más ricos de los municipios gobernados por la misma oposición, donde las fuerzas del orden controladas por ésta no cumplieron con su deber de controlar la violencia fascista desplegada a plena luz del día.

El ministro de Colonias de Estados Unidos se rompe los dientes

La estrategia opositora incluía una suerte de tándem en conjunto con el secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA) Luis Almagro, quien lidera los esfuerzos injerencistas de un grupo de países liderado por Estados Unidos (conocido como el G-14) que pretendía forzar al Gobierno Bolivariano (al que califica de dictadura) a ceder su soberanía, y abandonar el poder.

Para implementar estas acciones que pretendían violar la autodeterminación del pueblo venezolano e incluso las normas constitucionales que rigen a la República Bolivariana de Venezuela, se convocó en el seno de la OEA a una reunión de consulta de cancilleres para considerar la situación de Venezuela que se reunió en dos oportunidades sin lograr producir un documento condenatorio contra Venezuela.

Esta reunión fue desconocida por Venezuela, quien consideró esta reunión como hostil por ser convocada con el desacuerdo de Venezuela y en vulneración al principio de no injerencia en los asuntos internos de los países e incluso de la propia Carta de la OEA y la Carta Democrática de la organización.

A pesar de las numerosas acciones de diplomacia del garrote desplegadas por Estados Unidos y el propio secretario general Almagro, quienes presionaron fuertemente y usando la estructura de la OEA (violando la propia normativa del organismo hemisférico) a los países más pequeños para que cedieran a las pretensiones imperiales, buena parte de las naciones del continente -independientemente de sus signos políticos e ideológicos- resistieron estos embates y estos intentos fracasaron.

Posteriormente, durante la 47a. Asamblea General de la OEA, nuevamente el G-14 con Almagro como principal vocero intentaron modificar el orden del día de esa reunión y poner sobre la mesa la situación de Venezuela y nuevamente fueron derrotados, entre otras cosas gracias a la admirable participación de la canciller venezolana Delcy Rodríguez (quien ahora se apartó de ese cargo para lanzarse como candidata a integrar la Asamblea Nacional Constituyente en las elecciones del próximo 30 de julio) que asumió con una tremenda gallardía la defensa de la soberanía venezolana en esa reunión y defendió a Venezuela con uñas y dientes.

La oposición de derecha venezolana había desplegado en Cancún (donde se dio esta asamblea general) a varios de sus diputados y activistas, quienes no solamente hicieron lobby en contra del Gobierno Bolivariano, sino que incluso llegaron a amenazar a los diplomáticos venezolanos presentes en el lugar e interrumpieron la sesión de la OEA -con la complicidad del gobierno mexicano, que organizaba la cita- en dos oportunidades.

La conclusión a la que se ha arribado universalmente es que la OEA -organismo del que Venezuela ha iniciado su proceso de retiro- fracasó en su intento de condenar a Venezuela y que la principal víctima de esta derrota es la oposición de derecha venezolana.

La desesperación fascista

Al fracasar estrepitosamente en sus intentos por producir una guerra civil, así como de propiciar una intervención extranjera, e incluso en sus convocatorias a sectores militares a dar un golpe de Estado contra el presidente Nicolás Maduro, la derecha venezolana ha ido radicalizando sus posiciones en relación inversa con la cantidad de gente que logran movilizar.

A pesar del involucramiento directo de algunos gobernadores, alcaldes y diputados en las acciones terroristas, el pueblo venezolano -incluso sectores opositores moderados- le ha dado la espalda a este tipo de acciones.

La desesperación de estos sectores, al verse en solitario en dichas acciones, los ha llevado a sostener posturas que si no fueran de inmensa gravedad política deberían considerarse delirios de personas fuera de toda contención psiquiátrica.

El pasado 20 de junio, el diputado Julio Borges (designado en desacato como presidente de la Asamblea Nacional) hizo público un comunicado de la Mesa de la Unidad Democrática (que agrupa a la oposición de derecha) con una serie de resoluciones de esa organización facciosa (puede consultarse completa en http://www.unidadvenezuela.org/2017/06/unidad-democratica-iniciara-nueva-etapa-lucha-social-defensa-la-constitucion-la-democracia/) en las que se establece -entre otras cosas- “que el actual régimen se ha puesto al margen de la constitución y en consecuencia, su autoridad y decisiones son inconstitucionales y no pueden ser reconocidas ni obedecidas por nadie, de acuerdo al Art 350 de la Constitución Nacional”.

Se vuelve a rechazar la convocatoria a la Asamblea Nacional Constituyente como espacio de diálogo por excelencia y -además de calificarla como “fraude constituyente” y convoca a “organizarse en “comités de rescate de la democracia” y constituirse en asambleas permanentes para declarar que no permitirán el uso de los centros electorales y centros comunitarios”, lo que podría desembocar en situaciones violentas de extrema gravedad el próximo 30 de julio, día en que se desarrolle la jornada electoral para seleccionar a los constituyentistas que participarán de este foro.

Se convoca también en ese fárrago delirante de expresión de deseos fascistas a “a todo el pueblo de Venezuela, especialmente a los sectores sociales y políticos del país, a organizar la gran protesta nacional permanente que se realizará en todo el territorio nacional, al mismo tiempo y hasta lograr el cambio del régimen dictatorial y la restitución del orden constitucional”.

Nuevamente, como en 2002 y 2003, como en 2007 y 2013, se señala que ya estarían listos “los resultados de un gran Acuerdo Nacional para la Gobernabilidad y Rescate de Venezuela que hemos construido entre los actores políticos y diversos sectores de la sociedad para establecer los lineamientos de la Venezuela del mañana”, en los que no se requiere demasiada imaginación para imaginar una andanada privatizadora neoliberal acompañada de recortes de conquistas sociales y un gigantesco despliegue represivo contra el pueblo trabajador de Venezuela.

Como no podía faltar, este documento concluye con un llamado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (a la cual se quita su carácter de Bolivariana) “para que en esta crisis hoy más que nunca cumplan con su deber constitucional establecido en el artículo 328 de la Constitución y con su salvaguarda establecida en el 333”, lo cual -como es muy fácil de interpretar- no quiere decir otra cosa que invitarlos a dar un golpe de Estado.

Las continuas derrotas de la derecha fascista venezolana y del imperialismo norteamericano, logradas con el gigantesco esfuerzo del pueblo venezolano y de su Gobierno Bolivariano, no deben hacernos dormir en los laureles.


La violencia seguirá a la orden del día por parte de estos sectores y la amenaza real de intervención norteamericana sigue pendiendo cual espada de Damocles sobre la Revolución Bolivariana. Solamente pueden detenerse con la solidaridad de los pueblos del mundo y la construcción cada día más firme de una nueva sociedad en la Venezuela de Bolívar y Chávez.

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